Entrevista a Ivana Ponsoda i Revert, margenadora y arquitecta

Marta Feliu i Reig

Mientras rodeamos la mesa para decidir dónde sentarnos, siento que Ivana me transmite calma, calidez y equilibrio. Sin duda, estas sensaciones son también fruto de la sugestión tras haber leído su libro La lliçó de la pedra. Tècnica constructiva, patrimoni i sector de la construcció. En él habla del oficio de margenar y de los beneficios de la piedra en seco:[1] «un bienestar, una calma y una tranquilidad que solo quien margena bien encuentra» y también «las construcciones de piedra en seco se integran con el entorno, nos generan una calidez reconocible porque nuestros paisajes se han definido con la misma piedra».

 

55 12 Cuando la piedra habla

Cuando empieza a hablar, percibo la fuerza y la coherencia de esta mujer que lleva más de veinticinco años fascinada y entregada a la piedra en seco; desde que participó, como estudiante de arquitectura, en un grupo de voluntariado en el Maestrat para elaborar un inventario de casetas de piedra en seco, descubriendo muchas derruidas y buscando a los abuelos de la zona para aprender a reconstruirlas.

Fuerza y coherencia, de nuevo palabras de su libro, para describir los muros de piedra en seco. «Su sobriedad esconde, entre las piedras, la compleja tarea de formar un sistema coherente». ¿El oficio hace a la persona? ¿O la persona va hacia el oficio? ¡Quién sabe!

Ivana inicia la conversación:

La piedra en seco es una filosofía de vida. Es aplicable al anarquismo, a aquello que buscamos en la colectivización, en el trabajo en comunidad. Al final, la piedra te enseña justamente que deberías ir en esa línea. No te enseña el fascismo, ¿sabes? En una construcción de piedra en seco cada piedra tiene su función. De un muro de piedra no puedes sacar una sola. Todas las demás la sujetan. O rompes la construcción o no podrás quitar ninguna. Y un poco la vida es así, ¿no? No hay piedras feas ni fuera de lugar. La piedra que hay detrás, el relleno, forma un cajón profundo que refuerza el muro. Sin esa fuerza, las piedras de la cara del muro no aguantarían.

Hay muchas cosas que te enseña el oficio cuando realmente estás abierta al aprendizaje y tienes interés en hacerlo bien. En mi caso, instintivamente he sentido la importancia del conjunto, de la creación de un sistema coherente. Encontrar el lugar correcto de cada piedra. Sentir el sonido que hace cuando está a punto de romperse, cuando rompe bien. Cuando consigues colocar la piedra, hace «cloc», lo notas.

Cuando cojo la piedra, sostengo todo su peso. La piedra se va desplazando sobre las piedras de abajo «tiqui, tiqui, tiqui» (en este punto Ivana se levanta de la silla, de pie, con las rodillas ligeramente flexionadas y la espalda recta, toma una piedra grande imaginaria entre las manos y se mueve con un baile lento, coordinando piernas, brazos y manos). La desplazo con mucho cuidado, como una buena caricia, nunca como un arañazo. Hasta que noto «cloc», ah, este es el punto, ¿sabes? Vas al ritmo de las piedras.

El oficio de margenar exige mucha sensibilidad. No consiste en llegar y trabajar la piedra bruscamente. Hay que mantener el equilibrio entre sentir la piedra y saber que está bien colocada. Entre desarrollar la sensibilidad y aprender la técnica constructiva.

Hay que hacer muchos márgenes para, realmente, hacerlos bien. Con el tiempo, hay que comprobar lo que hiciste, si con los años ha funcionado, si cae o no cae. Con el paso del tiempo, los márgenes se derrumban. Pero verás por qué ha caído y aprendes de ello.

  Tenemos un gran patrimonio de construcciones de piedra en seco que se han mantenido en pie a lo largo del tiempo, pero otras están parcialmente derruidas. ¿Por qué caen y cómo se rehace un muro?

Con el tiempo puede ocurrir por diversos motivos. Puede ser porque el terreno es arcilloso y el agua se filtra levantando alguna piedra por detrás y las de arriba se asientan. O bien porque no tiene un buen cajón de relleno o porque la piedra se desmenuza. Todo ello hace que el muro no resista bien el paso del tiempo.

Después de un derrumbe, lo que encuentras es un muro deshecho con un montón inestable de piedras delante, por la sacudida que ha sufrido.

¿Cómo lo rehacemos? Con calma. Limpiando cuidadosamente el espacio.

Si tienes un derrumbe de cuarenta metros, evidentemente trabajas con la azada hasta que te acercas al muro; entonces utilizas la paleta, casi diría una espátula de arqueólogo.

Limpiamos una piedra y observamos qué ha pasado. Si está en buen estado, la dejamos e intentamos colocarla, sabiendo que faltan todas las demás que la sujetan, por lo que hay que encontrarlas e ir ajustándolas. Debes decidir cuál quitas, cuál dejas y cuáles sustituyes y cómo, hasta rehacer el muro entero.

  Ivana, ¿cómo se enseña este oficio y cómo veis el futuro de este aprendizaje?

Yo he tenido que aprender por mi cuenta, pero no es lo ideal. Siempre se ha aprendido trabajando con quien sabía. De forma práctica y mediante transmisión oral, a través de frases hechas, como por ejemplo «pedra de ribàs vell, no li cal martell» (‘piedra de ribazo viejo, no necesita martillo’).

Primero se aprendía lo básico: acercar la piedra al tajo, limpiar el corte con la azada, cargar piedra y carearla… Colocar la piedra de cara lo hacían las personas que más sabían; el resto trabajaba para ellas. Evidentemente, quien sabía había pasado antes por las fases de iniciación. Así se enseñaban los oficios antiguamente.

En el Gremi Margener Valencià queremos que exista una formación profesional reglada y un reconocimiento del oficio de margenar, con una certificación oficial en una Escola del Marge, donde habría muchas horas de práctica y se impartiría la teoría necesaria. En un aula, donde se harían pruebas de paredes y se introducirían las diferentes técnicas, y con prácticas exteriores para rehabilitar o construir obra nueva real. Esta escuela podría integrarse en una escuela rural que ofreciera cursos específicos o generales de pastoreo, agricultura, etc.

En la piedra en seco en el mundo rural siempre había dos tipos de personas: la gran mayoría, que sabía lo mínimo para arreglar un derrumbe o levantar un pequeño muro, y los margenadors de oficio, que recorrían el territorio y dejaban su huella en detalles constructivos —algunos muy técnicos y complejos—, como la manera de rematar, el trabado entre las piedras del marco de las puertas o los arcos de descarga hechos con losas finas en vertical…, detalles que se repetían en todas sus obras.

La gente del lugar ayudaba y entre todos lo hacían. Así aprendían las normas básicas para arreglar y rehacer los márgenes. En nuestro territorio hay metros y kilómetros de márgenes. Los agricultores y ganaderos son quienes han mantenido este patrimonio que ha llegado hasta nuestros días.

  Aquí, en la vall de Perputxent, mirando hacia la solana del Benicadell, vemos la sierra abancalada hasta lo más alto. ¿Qué presencia tiene la piedra en seco en nuestro territorio y desde cuándo?

La piedra en seco es el elemento que ha ordenado el territorio. Se han abancalado las montañas, se han hecho caminos y mojones que delimitan las fincas, corrales para la trashumancia del ganado, acequias y elementos hidráulicos.

El abancalamiento de las sierras, por ejemplo, es un indicador demográfico. Cuando aumenta la población, hay que ganar terreno de cultivo. En el valle, las zonas de huerta son llanas, fértiles y con agua. Si hay más gente que alimentar, se abancalan sierras enteras con piedra del propio terreno.

En la parte baja de las sierras se ven muros bajos y bancales profundos. Y en la parte más alta, muros de mayor altura y bancales más estrechos, para una sola hilera de olivos, por ejemplo. Probablemente estos últimos se abrieron durante el crecimiento demográfico del siglo xix.

La piedra en seco se ha utilizado durante toda la historia de la humanidad y la encontramos en todo el mundo, tanto en el poblado íbero de la Bastida de les Alcusses como en la ciudad inca de Machu Picchu.

Los márgenes que vemos ahora pueden ser originalmente antiguos; pero, claro, van cayendo y rehaciéndose.

El color de la piedra es un buen indicador. Cuanto más gris, más antigua es la pared. La piedra caliza de nuestro territorio es blanca y, al contacto con el CO₂, se va oscureciendo. Los márgenes con todas las piedras de color gris oscuro se han mantenido en pie durante muchos años.

  Leyendo La lliçó de la pedra me han sorprendido los muchos beneficios que explicas: un margen de piedra en seco genera biodiversidad, ayuda al control de plagas y a la polinización, mantiene la humedad del suelo, facilita el drenaje y favorece la fertilidad de la tierra. Las casas de piedra en seco tienen propiedades térmicas e ignífugas…

A mí lo que más me fascina es que es un material que ya tienes en el terreno, no necesita transporte. No requiere agua, no es contaminante ni genera residuos.

No tiene impacto, no supone una modificación sustancial del entorno. En todo caso, el impacto es beneficioso porque genera hábitat para ti y para más flora y fauna.

Otra cosa que me gusta mucho es la autosuficiencia. Tú sola puedes levantar una construcción de piedra en seco. Con ayuda mejor, claro. No necesitas maquinaria ni herramientas complejas; en todo caso, un capazo, una azada, una piqueta y un mazo. No dependes de alta tecnología.

Son construcciones adaptables a cada territorio, a la piedra existente y teniendo en cuenta las necesidades. Hay diversos ejemplos: muros hechos con piedra de río o con piedra de yeso. En estos últimos, cuando se mojan con la lluvia, el yeso se deshace y sella el muro.

En zonas con riesgo sísmico se ha construido en piedra en seco con sistemas de anclaje especiales. En lugares de clima extremo hay casetas que se mantienen frescas en pleno verano y, con una buena orientación, se calientan con el sol de invierno.

Hay que poner en valor la arquitectura tradicional: son soluciones bioconstructivas contrastadas. Aquí tenemos los ejemplos del tapial y la piedra en seco. Estos beneficios también son aplicables a las ciudades, tan alejadas de la naturaleza. Se pueden hacer pavimentos de piedra en seco para que empiecen a respirar.

  ¿Y por qué crear un gremio?

Necesitábamos encontrarnos las margenadores y margenadors del territorio para unir esfuerzos. Conocimos el Gremi de Margers de Mallorca y nos animamos. Igual que los catalanes. Somos tres gremios hermanados.

En el País Valencià somos un grupo de personas de todas las edades y, para organizarnos, hemos celebrado numerosas reuniones y almuerzos, y también hemos visitado a margenadors jubilados que no podían acudir, para recoger la voz de todos.

Los objetivos del gremio son recuperar el oficio y mantener la calidad. Generaremos un mapa para localizar quién trabaja la piedra con buena calidad en el territorio y facilitar posibles contrataciones. Sobre todo, hay un objetivo importante: cuidar la salud laboral y mejorar las condiciones de jubilación.

El oficio de margenar ha sido históricamente un oficio de hombres, en el que han predominado valores como la fuerza y la valentía y se han olvidado otros igualmente importantes: el conocimiento y la sensibilidad.

Hemos aprendido de los margenadors veteranos que no hay que hacer el bruto en este oficio. Algunos están bastante castigados tras toda una vida trabajando la piedra, y han sido ellos quienes han puesto sobre la mesa la necesidad de cuidarse.

Puede parecer que este tema llega de las mujeres que estamos en el oficio, pero no; es la voz de la experiencia de los margenadores de siempre, dicha con la sonrisa que da este oficio.

  ¡Qué alegría! Ivana, para cerrar la conversación, quiero decirte que te ha quedado un libro muy bonito.

¡Es que la piedra es muy bonita!

El objetivo del libro es la difusión: para quien quiera aprender el oficio, para técnicos de patrimonio y arquitectos, y para el público en general. Estoy contenta: ha quedado muy completo y, además, la gente del oficio me ha dado su bendición.

Marta Feliu i Reig
Comboianta y habitante de la Vall de Perputxent (El Comtat, País Valencià)

[1] Piedra en seco: técnica constructiva tradicional y popular que consiste en levantar muros con la piedra del entorno, sin utilizar ningún material de cohesión, mortero o argamasa.

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