Brigitte Vasallo

Las brujas eran campesinas; lo de llamarlas mujeres vino después, cuando el capitalismo empezó a poner nombre a las cosas que necesitaba ordenar.


56 Latinas

Noche de San Juan. Foto: Eliezer Godoy

El mundo campesino no es un mundo industrial en otro paisaje, no es un decorado, no es una escenografía ni un croma en el que sucede lo mismo que en cualquier ciudad, pero con árboles. No es tampoco —aclaro— un lugar donde suceda lo mismo pero peor: la misma lógica, los mismos esquemas, la misma ontología, las mismas relaciones pero menos refinadas, más toscas y más incultas, esos mitos. El ser humano campesino —el ser humano, que es una construcción cultural, un producto de su contexto histórico— no es el ser humano industrial, pues el mundo industrial —el capitalismo— no es un sistema económico, sino un sistema de relaciones; esto lo sabemos desde Marx. Eso incluye todo, también el género y las formas del género, ambas: la idea misma de género y las formas que esta idea toma.

 
   El actual entramado sexo-género hegemónico, ese fracaso, no es un espacio natural y ahistórico, sino una construcción cultural contextual al capitalismo.   
 

El mundo campesino no es un mundo industrial en otro paisaje y no debe ser estudiado como tal, igual que el mundo campesino del norte global no es el mundo campesino del sur global pero en otra latitud, porque los procesos coloniales generan sistemas de relaciones distintas.

El actual entramado sexo-género hegemónico, ese fracaso —aquel que ha sido impuesto como «normal», como neutro, como moral, con sus características inamovibles de binarismo jerárquico y heterocentrismo—, no es un espacio natural y ahistórico, sino una construcción cultural contextual al capitalismo. No es siquiera una verdad biológica, sino el resultado de una organización social. La consecuencia de tratarlo como suceso ahistórico es que, si no tiene principio, tampoco podemos pensarle un final… Eso también lo hemos aprendido ya.

Antes del capitalismo ya existía el género, claro. Incluso la desigualdad de género, claro. Pero no era el mismo sistema, lo cual no nos lleva directamente a concluir que fuese un sistema de género «mejor». Los términos morales no son buenos compañeros del análisis, no son fiables en general, términos traidores a menudo, escurridizos si acaso.

El patriarcado del salario

Marx sitúa en la acumulación originaria (o primitiva) las condiciones necesarias para el advenimiento del capitalismo. Esa acumulación está constituida por dos factores: la colonización (con el comercio de personas como puntal imprescindible) y la desposesión del campesinado europeo para convertirlo en mano de obra asalariada. No todas las personas fueron esclavizadas, pues se interpuso ahí el sistema de racialización que marcó la línea de lo humano y lo no humano (el ser y el no ser de Fanon). De la misma manera, o de manera similar, no todas las personas campesinas europeas pasaron a ser asalariadas, pues el trabajo remunerado pasó a ser función de los hombres —denominado desde entonces trabajo productivo— y las mujeres pasaron a sostener, sin salario, la vida de esos hombres que sostenían la vida asalariada; eso se denominó, en el mejor de los casos, «trabajo reproductivo», pero también «sus labores» o «no trabajo». El salario generó la nueva desigualdad entre dos categorías: hombre o mujer. No digo que generó la desigualdad, sino que añadió una alrededor de la cual se reorganizó todo el género a partir de entonces. La caza de brujas que nos reveló Silvia Federici, que teníamos delante de los ojos pero no habíamos sabido ver, forma parte de ese proceso; y las brujas… si no eran campesinas, ¿qué carajo eran?

En Catalunya tenemos la suerte de poder observar de cerca una gran Revolución Industrial y observarla directamente en territorio campesino, pues los dueños de las fábricas, els amos, sabían deslocalizar los medios de producción (aprendieron directamente en la colonización, con la que hicieron sus fortunas, con especial mención a Cuba). Las colonias textiles eran un inmenso y muy afinado dispositivo de género en el que solo las familias con descendencia podían entrar a trabajar, al tiempo que la misma colonia arruinaba el entorno para hacer imprescindible el trabajo en la colonia, círculo cerrado. El dispositivo disciplinar era amplio, pero solo el proceso de selección a través de la definición de la familia por parte de la imaginación burguesa ya marca una línea de significado trascendente y señala, al mismo tiempo, que existían otras formas de vida; de lo contrario el filtro no hubiese sido necesario.

Las campesinas no son mujeres

Es 1978 y estamos en Nueva York, en la Modern Language Association, donde una lesbiana pequeña, morena, rabiosa, simpática, blanca y francesa, intensa, divertida, enfadada —así la imagino yo—, llamada Monique Wittig, se dispone a dar una conferencia que concluirá con la frase «las lesbianas no son mujeres» y se quedará tan ancha. El revuelo dura hasta hoy, y cuanto más binario se hace el mundo (pues va a más, no a menos), más revuelo causa. Cuanto más sí o no sean las respuestas, cuanto más tipo test se le exige al pensamiento complejo, más revuelo.

 
   En el mundo campesino precapitalista, incluso en el feudalismo, los trabajos de hombres y mujeres no se relacionan de manera jerárquica: todos los trabajos son de cuidados, de subsistencia, y no hay salario de por medio.   
 

La propuesta, una vez hecha, es imposible desverla, como el conejo (o el pato) de la famosa ilusión óptica. Lo difícil era verla por primera vez, llegar a ella. Este es el camino de Wittig: los grupos subalternos no son sujetos, sino sujetos-en-relación con los Sujetos, y su definición no es en sí misma, sino relacional. La categoría mujer en la modernidad se define en relación con lo masculino (desde la falta de pene freudiana hasta aquello de madres-hijas-esposas); se define en tanto que es «la diferencia», aquello que tiene que ser específicamente nombrado, el matiz. La relación es de dependencia económica no recíproca en un contexto —el capitalismo— en el que lo económico no es economía, sino relaciones. Las lesbianas —argumenta Wittig— somos traidoras de ese pacto, disidentes, forajidas: no dependemos ni económicamente, ni emocionalmente, ni ontológicamente, de la categoría «hombre»; por lo tanto, no se puede considerar que seamos mujeres.

En el mundo campesino precapitalista, incluso en el feudalismo —que tampoco fue una fiesta—, los trabajos de hombres y mujeres no se relacionan de manera jerárquica: todos los trabajos son de cuidados, de subsistencia, y no hay salario de por medio. Lo dicen Federici, Berger, Moreno Caballud, Marx y Engels, entre otres. Si es así, la jerarquía contemporánea que introduce el patriarcado del salario no es anterior al capitalismo y no puede ser aplicada plenamente al campesinado, no de manera ahistórica. Así, las campesinas tampoco son mujeres. Si preferís, para aclararnos, no son Mujeres®.

Como si estuviéramos jugando al Jenga, sacad esa pieza de la pila y veréis cómo cae la pila: cae la heterosexualidad, cae el género binario, cae la homosexualidad, claro, cae la transexualidad, pues lo cis deja de tener sustancia, cae todo.

Leonora Djamet dice en el prólogo de El Frasquito, de Luis Gusmán, que acaso solo nos quede una ética posible: la escucha. Cuando los sujetos industriales, aún mutantes como yo, hija de campesinas pero criada en otra cosa, incluso cuir, vamos a territorio labriego, tenemos que escuchar, porque somos un peligro epistémico.

Brigitte Vasallo
Escritora

Utilizamos cookies para mejorar tu experiencia al navegar por la web.

Si continúas navegando, aceptas su uso. Saber más

Acepto
El sitio web de la revista Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y Culturas (www.soberaniaalimentaria.info) utiliza cookies para mejorar la experiencia de los usuarios, facilitando la navegación por nuestra web. Estamos haciendo todo lo posible por facilitar el uso de dichas cookies, así como su gestión y control al utilizar nuestros servicios.

¿Qué son las cookies?

Las cookies son pequeños archivos de texto que se almacenan en el dispositivo del usuario de Internet al visitar una página web. Es el operador del sitio web el que determina qué tipo de información contiene dicha cookie y cuál es su propósito, pudiendo además ser utilizada por el servidor web cada vez que visite dicha web. Se utilizan las cookies para ahorrar tiempo y hacer la experiencia de navegación web mucho más eficiente. No obstante, pueden ser usadas con varios propósitos diferentes que van desde recordar la información de inicio de sesión o lo que contiene un pedido de compra.

¿Cómo utiliza Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y Culturas las cookies?

Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y Culturas tan solo utilizará las cookies que nos dejes utilizar. Tan solo leeremos o escribiremos cookies acerca de tus preferencias. Aquellas que hayan sido instaladas antes de modificar la configuración permanecerán en tu ordenador y podrás borrarlas haciendo uso de las opciones de configuración de tu navegador. Podrás encontrar más información al respecto más adelante.

1. Cookies propias

Se trata de cookies técnicas que recogen información sobre cómo utiliza el sitio web (por ejemplo, las páginas que visitas o si se produce algún error) y que también ayudan a Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y Culturas a la localización y solución de problemas del sitio web. Las cookies técnicas son imprescindibles y estrictamente necesarias para el correcto funcionamiento de un portal web y la utilización de las diferentes opciones y servicios que ofrece. Por ejemplo, las que sirven para el mantenimiento de la sesión, la gestión del tiempo de respuesta, rendimiento o validación de opciones.

Toda la información recogida en las mismas es totalmente anónima y nos ayuda a entender cómo funciona nuestro sitio, realizando las mejoras oportunas para facilitar su navegación.

Dichas cookies permitirán:

  • Que navegues por el sitio.
  • Que www.soberaniaalimentaria.info recompile información sobre cómo utilizas la página web, para así entender la usabilidad del sitio, y ayudarnos a implementar las mejoras necesarias. Estas cookies no recogerán ninguna información sobre ti que pueda ser usada con fines publicitarios, o información acerca de tus preferencias (tales como sus datos de usuario) más allá de esa visita en particular.
Si tienes dudas o quieres hacernos alguna pregunta respecto de las cookies que utilizamos, puedes remitirnos tu consulta al correo electrónico info@soberaniaalimentaria.info

2. Cookies de terceros

Existe una serie de proveedores que establecen las cookies con el fin de proporcionar determinados servicios. Podrás utilizar las herramientas de estos para restringir el uso de estas cookies. La siguiente lista muestra las cookies que se establecen en la página web www.soberaniaalimentaria.info por parte de terceros, los fines para los que se utilizan y los enlaces a páginas web donde se puede encontrar más información sobre las cookies:

·       Cookies analíticas:

Las cookies de Google Analytics se utilizan con el fin de analizar y medir cómo los visitantes usan este sitio web. La información sirve para elaborar informes que permiten mejorar este sitio. Estas cookies recopilan información en forma anónima, incluyendo el número de visitantes al sitio, cómo han llegado al mismo y las páginas que visitó mientras navegaba en nuestro sitio web.

http://www.google.com/intl/es/policies/privacy        

·       Cookies técnicas:

AddThis es una empresa tecnológica que permite a los sitios web y a sus usuarios compartir fácilmente el contenido con los demás, a través de iconos de intercambio y de los destinos de bookmarking social. Las cookies AddThis se utilizan con el fin de habilitar el contenido para ser compartido. AddThis también se utiliza para recopilar información sobre cómo se comparte contenido del sitio web. Las cookies ayudan a identificar de forma única a un usuario (aunque no de forma personal, sino en cuanto a dirección) para no repetir tareas dentro de un periodo de tiempo especificado.

http://www.addthis.com/privacy

Disqus es un servicio gratuito que permite añadir comentarios a diferentes elementos de este sitio web. Disqus guarda en cookies tu identificación anterior en este sitio web o en otro para que no sea necesario iniciar sesión cada vez que utilices el mismo navegador.

https://help.disqus.com/customer/portal/articles/466259-privacy-policy

Cómo desactivar las cookies

Para cumplir con la legislación vigente, tenemos que pedir tu permiso para gestionar cookies. En el caso de seguir navegando por nuestro sitio web sin denegar su autorización implica que aceptas su uso.

Ten en cuenta que si rechazas o borras las cookies de navegación algunas características de las páginas no estarán operativas y cada vez que vayas a navegar por nuestra web tendremos que solicitarte de nuevo tu autorización para el uso de cookies.

Puedes modificar la configuración de tu acceso a la página web. Debes saber que es posible eliminar las cookies o impedir que se registre esta información en tu equipo en cualquier momento mediante la modificación de los parámetros de configuración de tu navegador:

Configuración de cookies de Internet Explorer

Configuración de cookies de Firefox

Configuración de cookies de Google Chrome

Configuración de cookies de Safari

Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y Culturas no es titular ni patrocina los enlaces indicados anteriormente, por lo que no asume responsabilidad alguna sobre su contenido ni sobre su actualización.

El usuario puede revocar su consentimiento para el uso de cookies en su navegador a través de los siguientes enlaces:

Addthis: http://www.addthis.com/privacy/opt-out

Google Analytics: https://tools.google.com/dlpage/gaoptout?hl=None

Google, Twitter, Facebook y Disqus: A través de los ajustes de cada navegador más arriba indicados para la desactivación o eliminación de cookies.