Entrevista a Latinas por el Clima

Patricia Dopazo Gallego

El pasado mes de abril, dos activistas de Latinas por el Clima visitaron el Estado español acogidas por la organización Mundubat. Se describen como «un colectivo de personas jóvenes de América Latina que lucha por la justicia climática interseccional y que busca aumentar el rol de las niñas, jóvenes y mujeres y de las disidencias sexogenéricas en esta causa, visibilizando la perspectiva ecofeminista». Aprendemos más de ellas en esta entrevista colectiva.


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Encuentro ecofeminista en Perú 2025. Foto: Latinas por el Clima

Desde Europa seguramente no lo percibimos, pero las problemáticas globales, y en particular la crisis climática, están empapadas del sesgo del norte global. «Lo vemos, por ejemplo, cuando se prioriza la mitigación del cambio climático en lugar de la adaptación», explica Sofía Mendoza. «En el sur hay realidades y visiones completamente distintas y por eso nos pareció sumamente importante que existieran más voces y se amplificaran estos mensajes de cómo se vive la crisis climática aquí, de las prioridades para los países del sur global y especialmente dándole enfoque de género». Este fue el objetivo fundacional de Latinas por el Clima, que surgió en 2020, cuando un grupo de mujeres jóvenes se articuló para presionar desde la sociedad civil para que el máximo de estados latinoamericanos ratificara el Acuerdo de Escazú y pudiera entrar en vigor. Este acuerdo es de gran importancia, ya que implica, entre muchas otras cosas, la protección de quienes defienden los derechos humanos y ambientales en la región. La sintonía entre ellas evolucionó en la formación del colectivo que, ahora, seis años después, integran unas cuarenta personas ―mujeres y diversidades sexogenéricas― de trece países de América Latina y el Caribe y que siguen más de veinticinco mil cuentas en redes virtuales.

Además de su importante activismo digital, impulsan y participan en actividades muy diversas y descentralizadas, adaptadas a cada lugar y en alianza con las comunidades locales: movimientos de defensa del territorio, organización de formaciones en activismo social y de campamentos ecofeministas o investigaciones sobre las afectaciones de la crisis climática en mujeres, juventudes y comunidades concretas. Desde 2025 también tienen un pódcast: Miradas del sur.

Un cambio cultural

Sofía es de El Salvador, se licenció en Relaciones Internacionales y es la coordinadora de investigación de Latinas por el Clima, además de formar parte del grupo que administra el colectivo. Cuenta que comenzó como una «bolita de nieve»: «Queríamos crear un espacio digital que conectara a diferentes activistas, pero también a personas con un deseo de transformación, especialmente jóvenes. Nuestras cofundadoras eran chicas que asistían a las COP (Cumbres Mundiales del Clima) y que veían la urgencia de transmitir lo que pasaba allí a la sociedad y a los activismos de base. Después empezamos a bajar ese trabajo internacional a lo local de una manera muy orgánica».

Con Sofía está Ámbar García, de 25 años, conectada desde Chile. Nos cuenta que en el contexto de la pandemia empezaron a cuestionar las respuestas que hasta entonces se daban a la crisis climática, como la necesidad de «reciclar para poder salvar el mundo», los bonos de carbono o la economía circular. «Cuando nos dimos cuenta de que la crisis climática tiene perspectiva de género, nuestro punto de vista evolucionó: entendimos que es imprescindible un cambio cultural para poder enfrentarnos a ella y que nosotras, como mujeres y diversidades sexogenéricas jóvenes, tenemos que abogar por ese cambio. Necesitamos transformar la manera en la que miramos la vida». Ahí comenzaron a incorporar la interseccionalidad y los ecofeminismos y a darse cuenta de que la perspectiva de género no solo muestra quiénes son más vulnerables a la crisis climática, sino que las mujeres y las diversidades sexogenéricas tienen una posición de cuidados, de poner la vida en el centro, y «esos cuidados son los que pueden cambiar el mundo en el que estamos viviendo, que es extractivista y patriarcal, entre muchas otras cosas».

 
   Es en el campo, a través de las tradiciones campesinas e indígenas, donde se mantienen estas grietas que están resistiendo frente al capitalismo.   
 

En Latinas por el Clima hay ingenieras ambientales, antropólogas, sociólogas, activistas, estudiantes, artistas…, muchas de ellas indígenas y campesinas o de origen campesino. «Uno de los vínculos más fuertes con organizaciones campesinas lo establecimos cuando conocimos a Carolina Llorens, del Movimiento Nacional Campesino Indígena de Argentina», cuenta Ámbar. «Junto con otras dos compañeras, pude asistir a su encuentro plurinacional y conocer en profundidad todo lo que hacen en torno a la soberanía alimentaria. Esto nos ayudó mucho a esa idea de cambiar culturalmente el discurso de la crisis climática y entender que es en el campo, a través de las tradiciones campesinas e indígenas, donde se mantienen estas grietas que están resistiendo frente al capitalismo y que nos presentan formas distintas de vivir que ya existen».

De justicia climática a justicia territorial

La tercera integrante de Latinas por el Clima que nos acompaña es Valeria Contreras, antropóloga social, pero «antes de ser antropóloga soy una mujer maya caribeña, de un pequeño pueblo en el sur de Quintana Roo, Yucatán, México». Su trabajo de investigación se centra en las afectaciones socioambientales que los megaproyectos extractivos provocan en los pueblos mayas ―lo que ella llama «racismo ambiental»―, pero siempre ha participado en organizaciones de base comunitaria campesina. Valeria se ha incorporado hace un año a Latinas por el Clima y afirma que es su identidad indígena lo que le recuerda constantemente por qué hace lo que hace. Sobre el concepto de «justicia climática» expresa con contundencia que «no sirve para entender las afectaciones que suceden en los territorios indígenas de América Latina. Falta la perspectiva territorial, por eso creo que más bien deberíamos hablar de justicia territorial, que alcanza para mirar más allá de la pérdida de bosques tropicales o de la contaminación de cuerpos de agua dulce. También permite atender lo que pasa en los cultivos, en las dinámicas sociales de la población y su relación con la llegada a las comunidades del crimen organizado, con las migraciones, etc.».

 
    Estos saberes que tienen los pueblos, han logrado que las selvas más conservadas estén en su resguardo.   
 

Profundizando en esa manera de relacionarse con el territorio, les preguntamos sobre el sesgo antropocéntrico del activismo europeo. Sofía argumenta que para ellas es importante apuntar siempre a la interconexión entre los seres vivos. «En algunos lugares se ha logrado que lagos, ríos y selvas tengan también derechos; esta es nuestra posición, entender que no todo está al servicio de los seres humanos, que no todo es nuestro ni podemos acapararlo». Valeria, por su parte, señala que el propio concepto de antropocentrismo es ya bastante eurocéntrico y nos habla de que en su territorio maya piensan que la selva tiene sus guardianes. «Cuando alguien va a construir una casa, pide permiso a la madre tierra y se hace una ceremonia para bajar la madera, para cortarla en cierta luna. Lo mismo sucede cuando siembras la milpa tradicional. Los pueblos hacen ciertas ritualidades, como el chac chac, para pedirle al guardián de la lluvia que haya lluvia abundante ese año. No quiero romantizar, pero creo que justamente esta postura, estos saberes que tienen los pueblos, han logrado que las selvas más conservadas estén en su resguardo. Por eso creo que es superimportante escuchar a los pueblos y desaprender lo que hemos aprendido desde los pensamientos occidentales hegemónicos, por ejemplo, sobre nuestra relación con todo lo que no es humano».

 

 
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Delegación de Latinas por el Clima en la COP30 en Belém do Pará, Brasil 2025

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Latinas por el Clima en el Encuentro Plurinacional del Movimiento Nacional Indígena Campesino, 2024. Fotos: Latinas por el Clima

 

El dilema de las redes sociales

Una de las características de Latinas por el Clima es su éxito a la hora de comunicar y relacionarse en el mundo digital. Muchas de ellas estudiaron en plena pandemia, con lo que esto supuso con respecto a la falta de presencialidad. Sienten que gran parte del movimiento climático se empujó en el espacio virtual, lo que también les abrió las puertas. «En estos casos, el diseño cumple una función importante: conseguir atraer e interesar a más personas y hacer que tu movimiento sea fácilmente reconocible», cuenta Sofía, que está muy orgullosa de la línea gráfica del colectivo. «Cuando haces activismo digital y tienes una plataforma como la nuestra, hay que navegar todas las dificultades que existen: polarización de discursos, noticias falsas… Nos dirigimos tanto a gente sensibilizada como a la más desconectada de esta realidad. Queremos comunicar lo que sucede en los territorios sin perder nuestros valores».

 
   No se puede hablar de justicia climática o de tener un futuro mejor en un mundo que permite que se siga bombardeando Gaza.   
 

Ámbar es ingeniera en recursos naturales renovables y trabaja como investigadora en soberanía alimentaria en la Universidad de Chile, pero también es ilustradora y diseñadora autodidacta gracias al movimiento climático. Ella es una de las responsables del diseño de la comunicación de Latinas por el Clima. «La forma en la que comunicamos en las redes se basa en pensar constantemente cómo lo diríamos de forma presencial, para que sea más cercano para las juventudes y para cualquier persona». Admite una dificultad a la que han dedicado mucho tiempo y debate, pero no han encontrado solución: el uso de plataformas hegemónicas en manos de grandes poderes económicos. «Lamentablemente, son los medios masificados los que nos ayudan a llegar a las juventudes, pero también a la población de otras edades cuando hacemos trabajo territorial, porque sus aplicaciones son Facebook o WhatsApp. Hay otras plataformas donde nos gustaría publicar, pero no tendría la misma llegada. No sabemos qué hacer con esto y es algo que nos angustia. Nos horroriza publicar el pódcast en Spotify porque es cómplice del genocidio en Gaza y, además, estuvo financiando a ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) en EE. UU. Tenemos con esto un gran dilema».

Reivindicar la «generación de cristal»

En Latinas por el Clima sienten que vivimos un presente que está en guerra contra la vida. Son conscientes de que no se puede hablar de justicia climática o de tener un futuro mejor en un mundo que permite que se siga bombardeando Gaza y que se siga ocupando Palestina. «Es horrible porque en un inicio también Palestina era una comunidad indígena agrícola y vemos cómo el colonialismo, el capitalismo y el extractivismo la erradican y hacen que muera de hambre», dice Ámbar. «Hay que incluir la desmilitarización dentro del discurso climático, porque además la industria militar no está obligada a justificar sus emisiones, que son enormes. Siento que lo que ocurre en Palestina es extremadamente urgente y extremadamente simbólico, porque nos indica dónde están las prioridades de la hegemonía cultural».

 
   La experiencia de lucha de las otras generaciones normalmente no trasciende hacia nosotras porque se desvinculan de los movimientos.   
 

Para Valeria, esta percepción de las violencias y de sus efectos es una característica de su generación. «A las juventudes se nos nombra despectivamente como “generación de cristal”, porque dicen que nos quejamos de todo, pero a mí me parece maravilloso ser de una generación a la que este sistema le duele e interpela». Sofía profundiza un poco más en las descalificaciones que reciben hoy en día las juventudes y que ella no considera justas. Las escucha por parte de personas mayores que, de jóvenes, desde la escuela y las universidades, empujaron para resolver el conflicto armado en su país, en El Salvador. «Dicen que nosotras no estamos haciendo ese ejercicio de militar en las calles y que todo aquel sacrificio, en el que se perdieron muchas vidas, no sirve si ahora no se defiende la causa de su lucha. Obviamente, el contexto ha cambiado y, como persona que desde donde estoy hago lo que puedo con las herramientas que tengo, puedo decir que la juventud sí participa. Pero también es necesario que quienes estuvieron en su juventud sigan estando y yo los veo pasivos y cuestionándonos. Militar por la justicia, por la transformación social, no termina cuando se tiene una familia. Necesitamos que exista una intergeneracionalidad en los activismos en la que se unan su vivencia y las herramientas que tenemos ahora, que son muchísimo más poderosas y masivas. Pero la experiencia de lucha de las otras generaciones normalmente no trasciende hacia nosotras porque se desvinculan de los movimientos». Sofía mira con esperanza el levantamiento en Bolivia contra el gobierno neoliberal de Rodrigo Paz y lo pone como ejemplo. «Allí ustedes ven a personas adultas que estuvieron en un momento concreto, pero que siguen estando, junto a las juventudes. El compromiso no es solo de nosotros como jóvenes, sino de todos».

Valeria cierra la conversación: «Viva la generación de cristal».

Patricia Dopazo Gallego
Revista SABC

Este artículo cuenta con el apoyo del proyecto «Mujeres y Justicia Climática: generando conocimientos, acciones y alianzas desde lo local-global», de Mundubat, financiado por la Generalitat Valenciana en la Convocatoria de 2024.

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