Economía para sostener la vida y construir autonomía colectiva
Bombo Ndir Fall

Sesión Tontine en Senegal. Foto: Bombo Ndir
Las prácticas de autofinanciación colectiva desarrolladas históricamente por mujeres en distintos territorios africanos constituyen no solo mecanismos económicos informales, sino verdaderas arquitecturas políticas de resistencia. Entre ellas, la tontine o caja de resistencia emerge como una forma de economía comunitaria que desafía los principios del capitalismo financiero y la herencia colonial en la organización de la vida económica.
En numerosos contextos africanos, especialmente rurales, las comunidades organizaban intercambios basados en el trabajo colectivo, la reciprocidad y el tiempo compartido. Antes de la introducción de la moneda colonial, el tiempo funcionaba como capital social y la confianza como garantía. La tontine hereda esa lógica y la adapta a contextos monetarizados, manteniendo su fundamento relacional.
La tontine como banco comunitario
La tontine funciona como una forma de banca comunitaria basada en la confianza, el compromiso colectivo y la responsabilidad compartida. Cada mujer aporta una cantidad periódica y, mediante un sistema rotativo acordado en asamblea, recibe el fondo común para desarrollar un proyecto personal o responder a una necesidad vital.
No existen contratos formales ni garantías bancarias. El sistema se sostiene sobre la palabra, que en la estructura central de la comunidad es sagrada, y sobre la posibilidad de exclusión simbólica ante el incumplimiento. La sanción más fuerte no es económica, sino social: la pérdida de credibilidad dentro de la red.
El poder no es jerárquico ni vertical, es rotativo. Cuando una mujer recibe el fondo, adquiere capacidad de decisión económica, pero está enmarcada en la responsabilidad hacia el grupo. En muchos casos, la gestión se renueva periódicamente, la caja funciona con varias llaves distribuidas entre distintas mujeres y el dinero se cuenta públicamente en asamblea antes de cada distribución. Estos mecanismos refuerzan la transparencia y previenen la concentración de poder.
El sistema se sostiene sobre la palabra, que en la estructura central de la comunidad es sagrada.
El término tontine
La denominación tontine deriva del nombre del napolitano Lorenzo de Tonti, que inventó en el siglo xvii un sistema de renta vitalicia, y se aplica ahora para designar prácticas de ahorro rotativo observadas en muchos países de África, Asia y América Latina, donde reciben multitud de nombres en los idiomas locales, así como también en las diversas poblaciones originarias de estas zonas que han emigrado a Europa o Estados Unidos. Tontine es el término más utilizado en la África francófona.
Economía feminista y crítica al capitalismo colonial
Desde la economía feminista, autoras como Silvia Federici han señalado que el capitalismo se construyó sobre la expropiación del trabajo reproductivo de las mujeres y la subordinación de los cuerpos feminizados. La acumulación originaria fue también una reorganización violenta de la vida que desplazó formas comunitarias de sostenimiento hacia lógicas de propiedad privada, salario y deuda.
En este contexto, las tontines pueden interpretarse como formas de resistencia a esa lógica de acumulación. Priorizan la reproducción de la vida sobre la maximización del beneficio, el vínculo comunitario sobre el contrato jurídico, la confianza y la palabra sobre la garantía material, y la redistribución rotativa sobre la acumulación individual.
Las tontines pueden interpretarse como formas de resistencia a esa lógica de acumulación. Priorizan la reproducción de la vida sobre la maximización del beneficio.
El feminismo descolonial, representado por pensadoras como Ochy Curiel y María Lugones, invita a comprender cómo la colonialidad del poder, del género y del saber ha deslegitimado sistemáticamente las formas económicas no occidentales, clasificándolas como «informales» o «no modernas». Desde esta perspectiva, la tontine no es una economía marginal, sino una racionalidad económica alternativa, basada en la interdependencia, el cuidado y la ética relacional.

Sesión Tontine en Barcelona. Foto: Elisenda Colell
Genealogías africanas de organización económica femenina
Las «Nanas Benz» de África occidental, especialmente en Togo y Camerún, constituyen un ejemplo histórico de organización económica femenina a gran escala. Estas comerciantes textiles, articuladas en redes solidarias, consolidaron poder económico a través de sistemas colectivos de financiación y comercio transfronterizo.
Lejos de reproducir una lógica individualista, regulaban la competencia y sostenían principios de complementariedad. La práctica de no vender el mismo producto que otra compañera en el mercado expresa esa ética comunitaria que rompe con la competencia capitalista. Este principio se vincula con la filosofía del Ubuntu —«yo soy porque nosotros somos», que sitúa la existencia individual dentro de una ontología relacional basada en la interdependencia.
Una dinámica clave en contextos migratorios y rurales
En contextos migratorios, las tontines adquieren una dimensión adicional. Las mujeres migrantes trasladan estos saberes financieros ancestrales a Europa y generan redes de apoyo que suplen las carencias institucionales. Muchas participan con un proyecto vital concreto, como financiar los estudios de sus hijas e hijos. Es el caso de Fatoumata, cuyo objetivo era que su hija accediera a estudios superiores en Francia.
Otras mujeres utilizan el fondo rotativo para crear negocios propios. En Barcelona, N. G. reunió el capital necesario para iniciar una empresa de compra y reventa de hierro, pagando la licencia del gremio de reciclaje en un sector fuertemente masculinizado. El apoyo colectivo permitió la formalización de su actividad y disputar un espacio laboral tradicionalmente reservado a los hombres.
Los fondos colectivos permiten comprar semillas, invertir en cultivos o afrontar pérdidas de cosecha.
En la diáspora, las tontines también han facilitado el acceso a tierra en los países de origen. Un grupo de 31 mujeres en Barcelona ha podido adquirir parcelas para construir sus futuras casas. Esta adquisición no responde a una lógica especulativa. Muchas expresan explícitamente la voluntad de no participar en dinámicas de inflación artificial de precios en sus países. Por ello, optan por terrenos fuera de las grandes ciudades como forma de resistencia a la especulación de la tierra, concebida como don natural, garantía de arraigo, seguridad para la vejez y fuente de producción alimentaria.
La dimensión alimentaria es central. En contextos rurales, los fondos colectivos permiten comprar semillas, invertir en cultivos o afrontar pérdidas de cosecha; en contextos urbanos o migrantes, garantizan la compra de alimentos cuando el empleo es precario, a veces mediante compras colectivas que se pagan a plazos. Algo que no se permite es que nadie pase hambre.
No todas las mujeres tienen la misma capacidad de aportación, pero esta diversidad se gestiona desde la solidaridad y la equidad. Cada una aporta según sus posibilidades y recibe en coherencia con su contribución. El principio es la inclusión: ante una crisis, el grupo puede flexibilizar aportaciones o priorizar su turno, sosteniendo recursos y vínculos.
Crisis del capitalismo occidental y aprendizajes posibles
Desde la economía feminista, estas prácticas pueden interpretarse como una reorganización autónoma de la reproducción social. En lugar de depender exclusivamente del mercado laboral precarizado o del crédito bancario, las mujeres construyen infraestructuras financieras propias.
Antes de la introducción de la moneda colonial, el tiempo funcionaba como capital social y la confianza como garantía.
El análisis de la tontine adquiere relevancia en el actual contexto de crisis ecológica, endeudamiento estructural, precarización rural y recortes en políticas sociales. Frente a un modelo financiero basado en la expansión del crédito, la individualización del riesgo y la mercantilización de la reproducción social, la tontine propone una racionalidad distinta: una deuda relacional y temporal sin intereses ni subordinación estructural, orientada a sostener la educación, la vivienda, la seguridad alimentaria, los pequeños emprendimientos y el acceso a la tierra sin especulación.
La tontine debe ser reconocida como una práctica de economía feminista descolonial que desafía la colonialidad financiera, sostiene la reproducción social, genera autonomía económica y construye poder colectivo. Constituye una forma organizada de transformación desde abajo que sitúa en el centro la interdependencia, el cuidado y la garantía colectiva de la vida.