No es extraño confundir paz con aceptación. O con falsas soluciones que, si bien pueden desactivar el conflicto, en ningún caso lo resuelven. El antónimo de guerra no es simplemente paz; es libertad, como bien muestran tantos ejemplos de colonización: Palestina o el Sáhara Occidental. El olivo palestino representa la estrategia de resistencia, la sumud, que de muchas maneras encontramos también en el mundo rural cuando se ve agredido.

 

 

 
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Mural en la Finca do Cruceiro, aldea Covas do Barroso. Foto: Eva García Moreno

 

Galicia: Acción directa desde el común

A terra é nosa, seghimos coa misma lucha i misma idea, porque a terra hai moito tempo que quedou aí dos nosos antepasados e nunca tuvo outros dueños mais que todos os veciños en man común, e querémola tal e como nola deixaron nosos bisabuelos, abuelos e pais.

Las palabras certeras de una labrega del pueblo de Ponteareas, en 1978, ante la usurpación de las tierras comunales para convertirlas en monocultivos de eucaliptos, nos recuerdan que las actuales movilizaciones contra los extractivismos son hijas y nietas de una larga genealogía de luchas populares y campesinas.

Aún «cautivos y desarmados», nuestros pueblos practicaron el noble arte de la resistencia para defenderse del desprecio del poder y su desarrollismo violento. Desde la creación de una central térmica en Cerceda hasta los pueblos anegados por la represa de Lindoso, la acción directa fue parte de su digno legado de rebeldía: cortes de carreteras, ocupaciones de montes, destrucción de maquinaria, sabotajes, encierros, marchas, protestas.

Cuando despojaron los comunales para beneficio de la industria forestal, sus legítimas dueñas, simulando ignorancia y descuido, arruinaron plantaciones enteras con el pastoreo clandestino. Cuando quisieron abrir una mina a cielo abierto, empuñaron sus humildes paraguas frente a los guardias civiles y dejaron una huella imborrable de coraje en nuestra memoria colectiva. Cuando impusieron la afiliación forzosa a las Hermandades Sindicales de Labradores y Ganaderos, se negaron a pagar las cuotas y expulsaron con gritos e insultos a quienes llegaron a embargar sus bienes para saldar aquella infame deuda. Cuando al progreso le sobraron las aldeas, defendieron con bravura nuestra tierra. «Não à Mina. Sim à Vida».

   Documental: El desastre del eucalipto |  Documental: As Encrobas a ceo aberto

Acoger la resistencia campesina palestina

Vivir bajo las bombas de la guerra. Todas las violencias que se ejercen sobre Gaza y Cisjordania, y el propio ejercicio activo de resistencia, representan sobre los cuerpos de la resistencia palestina altos niveles de estrés y agotamiento físico y emocional. En respuesta a ello, varios colectivos de base y organizaciones no institucionales han impulsado una iniciativa solidaria: acoger a grupos de campesinas y campesinos palestinos para estancias de corta duración en comunidades de agricultores, tanto rurales como urbanas. El objetivo principal es ofrecer a las y los participantes un espacio para descansar, recargar energías y experimentar un entorno de apoyo lejos de las intensas presiones en su lugar de origen, al mismo tiempo que se fortalecen los vínculos con redes de solidaridad del Estado español. El primer intercambio está previsto en diciembre de 2025 y el segundo para la segunda mitad de 2026, con la previsión de acoger a unas 15 personas en total.

Acogida Palestina, como se llama la propuesta, es un gesto de perseverancia, de determinación pacífica y un llamamiento a la unidad frente a la violencia y el colonialismo. Con la esperanza de que estos dos ciclos sean la base de un programa a largo plazo que fortalezca las redes internacionales de apoyo mutuo y el intercambio de conocimientos agrícolas.

  Canal de Telegram del proyecto Acogida Palestinahttps://t.me/Acogida_Campesina

N.º de cuenta IBAN: ES71 1550 0001 2100 2298 2326 | BIC: ETICES21XXX

Titular: Asociación Laboratorio Rural LabCasa | Escribe «acogida» en el concepto.

Apoyan la iniciativa: Revista Soberanía Alimentaria, Sindicato Andaluz de Trabajadores, Laboratorio Rural Labcasa, Alpujarra con Palestina, Fruita amb Justícia, Cooperativa Agroecológica la Acequia, Plataforma Córdoba con Palestina, Universidad de Córdoba con Palestina, Amigos del SOC SAT Almería, Cooperativa Agroecológica Hortigas, Plataforma de Solidaridad con Palestina de Sevilla.


Barroso, frente a la apisonadora del progreso

Hasta hace unos años, el Barroso era una de esas hermosas tierras rurales de Portugal conocidas apenas por sus gentes, por algunos aventurados turistas de naturaleza y por el pequeño radio de proximidad al que llegaban su miel, su carne o su vino, de calidad excepcional.

Lamentablemente, desde 2017, se ha convertido en un símbolo de la lucha contra el extractivismo voraz aterrizado en el norte global, que pretende abrir con un estreno triunfal la que sería la primera mina a cielo abierto del continente, calificada como estratégica por la propia UE. Se trata de casi 500 hectáreas de donde se extraerían litio, cuarzo y feldespato. Como casi cualquier territorio rural de la península ibérica, su situación, su población escasa y envejecida, la falta de servicios básicos y su pequeña economía agrícola lo convierten en una ideal «zona de sacrificio».

En junio de 2022, la Agencia Portuguesa de Medio Ambiente emitió un dictamen «desfavorable», reconociendo su incompatibilidad con la clasificación de «Patrimonio Agrícola Mundial» y con el modo de vida local. Sin embargo, en mayo de 2023, emitió una Declaración de Impacto Ambiental (DIA) «condicionada favorable», confirmando los temores de la comunidad de la connivencia del Estado con la inversión privada. En esta tesitura, habitantes y activistas se enfrentan diariamente a la presión de los supuestos trabajadores de la empresa y de la propia policía nacional (GNR), apoyada por la concesión de servidumbre administrativa para las labores de prospección.

Efectivamente, hay quienes desisten frente a la apisonadora del progreso, pero el posicionamiento de la comunidad de propietarios de los terrenos comunales (los llamados baldíos), en cuyos terrenos se sitúa un 71 % del proyecto, es rotundo: «Barroso no se vende, se ama y se defiende». Y así los apoyan los centenares de activistas de todo el país y de muchos otros que no solo acuden al campamento anual en defensa del Barroso, sino que también emprenden acciones legales, presentan peticiones, organizan encuentros, caravanas, residencias artísticas e incluso ponen el cuerpo frente a las máquinas, codo con codo con la población local.

Gracias a ello se han ganado muchas batallas: se han detenido hasta hoy la mayoría de las labores de prospección, se ha eliminado la presencia permanente de la empresa en la aldea y se han tejido redes de apoyo que vislumbran más triunfos e incluso hay quienes han descubierto en el Barroso su hogar. De hecho, en este momento está en marcha la rehabilitación de una casa cedida a activistas, cuyo financiamiento podéis apoyar.

Eva García Moreno, colaboradora del campamento em defensa do Barroso

https://barrososemminas.org


Desobediencia contra el genocidio

(Extracto del artículo «Zeu ere terrorista izan zaitezke, genozidioaren aurka eginez gero», publicado en argia.eus)

Bajo la neblina londinense, en 2020, se alzó un grito de lucha convertido en acción: Palestine Action (PA). Este movimiento de desobediencia civil británico tiene como objetivo poner fin al apartheid israelí mediante la presión internacional, centrándose en actuar contra empresas armamentísticas sionistas como Elbit Systems.

PA no ha hecho más que forjar la acción directa no violenta: la destrucción de material en una fábrica de Glasgow (2024) y la visibilización de la complicidad militar al pintar aviones en la base de Brize Norton, alegando transporte de armas para el genocidio de Gaza.

Estas acciones supusieron un elevado coste operativo a la industria armamentística, pero también graves consecuencias legales: el pasado 6 de julio, el Parlamento declaró a PA como «organización terrorista», una medida sin precedentes contra un grupo no violento y que acarrea penas de hasta 14 años de prisión. La represión se ha materializado en la detención de alrededor de 1.600 personas y con múltiples amenazas de pérdida de empleo por apoyar al movimiento.

La prohibición de esta organización activista por visibilizar la atrocidad y el genocidio contra el pueblo gazatí encendió la llama.  La persecución judicial ha despertado una oleada de conciencia y debate público sobre Palestina en el Reino Unido, atrayendo a más participantes a las protestas. Además, el caso ha expuesto públicamente la fuerte influencia de Elbit Systems y su integración en el Ministerio de Defensa británico, confirmando los vínculos de poder que PA denunciaba.

Frente a las persecuciones judiciales, ha emergido el movimiento Defend Our Juries, que lucha contra la criminalización de la protesta y la ampliación del concepto de terrorismo, defendiendo abiertamente a PA. En el plano político, la postura del gobierno ha abierto una fisura en el Partido Laborista y el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos ha calificado la condena de «desproporcionada e innecesaria» y ha instado a revocar la calificación de organización terrorista.

Palestine Action ha ganado el campo de batalla moral: ha obligado al pueblo a mirar, ha agrietado la fachada política y ha demostrado que personas de distintas generaciones, valientes y armadas solo con convicción, pueden airear los trapos sucios de la política sionista.


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