Reseña de Un retrato que sostiene el muro, de Maison Shukair (Yabaila Poesía, 2025)
Amal El Mohammadiane Tarbift

Las palabras, aunque suaves, tienen la fuerza eterna del “efecto mariposa”, capaces de transformar el dolor en esperanza y los sueños en lucha por un mundo mejor. Nos lo recuerda Maisoun Shukair, poeta, farmacéutica, traductora y periodista refugiada siria en una conversación mantenida el pasado mes de agosto en el festival de poesía de Soria. Se autodefine como una mujer sencilla que busca una vida digna y la verdad del mundo. Cree en el poder sanador de las palabras y en la poesía como medicina del alma y herramienta de justicia.
Las personas que fabrican armas, dice, tienen almas y estas se pueden curar con la poesía: «No tiene tanta fuerza como las balas, pero sí la suficiente como para perdurar en el tiempo y en la memoria».
Comenzó a escribir con tan solo 10 años. Su padre, profesor en Damasco, tuvo que dejar su vocación y marchar a Arabia Saudí para poder sostener a su familia. Aquel vacío marcó su infancia y le reveló la dureza de abandonar los sueños para sobrevivir. De ese dolor nació su escritura: la poesía como refugio y verdad.
Aunque durante años siguió escribiendo, la vida (los estudios, el matrimonio, los hijos) la alejó de publicar, hasta que en 2008 su voz resonó con fuerza. Su primer libro, Saca tu cara de un espejo, fue premiado y dio forma a su mirada sobre la mujer, la justicia y el amor que sostiene la vida.
Mientras conversamos sobre sus vivencias, se detiene un rato y nos recita «Confesión», uno de los poemas de este primer libro:
Yo
No muero, se me pasa el otoño
pero me muero, se me pasa la primavera
y no florezco.
Este invierno,
hemos sido las chimeneas
uno para el otro,
pero tal vez hemos sido
la leña.
Calidez
¿La cortaste?
Para sacar de sus ramas
¡Combustible para tu largo invierno...!
No te calentarás, señor.
Las lágrimas de sus pájaros
humedecieron
Todo lo que recogiste
de leña.
Maisoun también se emociona al recordar a su madre. La percibe como amiga, espejo y referente. El exilio se la ha arrebatado. Ser la hija mayor le hace sentir aún más el peso de la distancia: «Siento que he pasado con ella toda la vida». Once años sin verla es demasiado tiempo.
Tras la caída del régimen de Asad, en diciembre de 2024, logró volver a Siria solo por una semana, debido a nuevas masacres en su ciudad, dirigidas a la minoría drusa, de la que forman parte Maisoun y su familia. Desde entonces, la guerra, de nuevo, le robó el abrazo de su madre.
Sobre este dolor grita en el poema «Pequeño botón» del libro Un retrato que sostiene el muro.
Dentro
del armario de mi madre
hay un botón pequeño.
Es
mi corazón.
Por esta aflicción y por la necesidad de sobrevivir, se exilia a Madrid, tras el asesinato de su hermano, profesor, por el régimen de Asad y ante el peligro de ser encarcelada. La amenaza de prisión se debía a la cura y ayuda que ofrecía en su farmacia a personas vulnerables (niños y mujeres) que venían de ciudades destruidas, una acción que el régimen no toleraba. Este sentimiento de pérdida y refugio es lo que influye en su poesía del exilio.
Un retrato que sostiene el muro (publicado en Irak en 2022 y ahora en el Estado español gracias a la traducción de Carmen Ruiz Bravo-Villasante en Yabalia Ediciones) es un viaje poético sobre el exilio por tierra y mar, estructurado de manera sólida. El poemario de Maisoun Shukair narra las etapas de separación del hogar, de sus seres queridos y de sus orígenes, y curiosamente, la poesía se fortalece a través de la perspectiva de quienes se quedaron atrás.
Frío
A saber
el frío que pasan nuestras casas
si ya no estamos
este invierno.
Maisoun Shukair se revela en el poemario a través de múltiples roles como mujer y poeta. En esta impresionante colección de retratos, que la incluye a ella misma, demuestra una gran sensibilidad para transmitir tanto la vulnerabilidad (encarnada en la figura de la madre) como su papel de protectora. Es testigo del inicio del exilio, la mujer que resiste las adversidades, la amante que protege los sueños. Además, tiene la capacidad de transformarse y dar nueva vida a otros autores, como Lorca, Mahmud Darwish y Machado, a quienes cita, de quienes utiliza sus imágenes y con quienes establece un diálogo íntimo.
Como si estuvieras muerto
(A Antonio Machado)
Paso desde un fuego
a otro fuego hermano
cuando me traspasan
tus poemas.
[...]
Dolorosa la primavera en el exilio,
y doloroso
que mi lugar de exilio sea
tu patria.
Como tú
vaticino mi muerte
en el poema
antes de morir fuera
y quedar sin mortaja.
[...]
Tú te me adelantaste
a la tumba,
y yo estoy aplazando un poco
mi muerte
para recoger del campo castellano
algo de lavanda
y, de las azoteas de Jaén,
algo de sol
Luego
te sigo.
[...]
Maisoun tuvo que rasgar su vida sin un segundo de meditación. La urgencia de su expulsión la hizo navegar en un umbral de heridas abiertas: «No le deseo a nadie tener que dejar su país, es demasiado doloroso». Aunque ya habitaba en su mente el Estado español a través de sus versos y su historia, no fue fácil aterrizar en un territorio sin conocer el idioma: «Me sentí como un fantasma durante años, con el cuerpo en España y el alma en mi país». Tras este tiempo, destaca la acogida, la solidaridad y la buena gente con que se ha encontrado, y recuerda a todos los pueblos, la importancia de acoger a personas que huyen de las guerras. Para ella fue un bálsamo, un suave permiso para ir echando raíces. Sobre todo, cuando su esposo y su hijo se unieron a ella. El exilio dejó de ser un páramo y se convirtió en una «pequeña patria reunida», un remanso de paz en la tormenta.
Refugio
Me refugio en ti
como se refugian en el verso las preguntas del mundo:
No para que las cierre con respuestas
sino para
que les suba un poco
esa voz baja.
A pesar de todo lo vivido, estar en un país que no es el tuyo «te abre nuevas ventanas, te ayuda a conocerte mucho mejor y mirar tu país de otra manera, poder tener más capacidad crítica». Además, siente que dialogar con autores a los que admira en su lengua natal es un «universo fantástico».
Inevitable es sentir el peso de la guerra y lo que significa resistir en una cultura de violencia y muerte. Es en esta lucha donde la poesía se vuelve un acto de resistencia, y así nos lo recuerda Maisoun Shukair.
Triunfo
¿Quién vence?
¿La roca en la que rompe esa ola
o la ola
que la va partiendo
cada vez que rompe?
Amal El Mohammadiane Tarbift
Revista SABC