Andrés Muñoz Rico

En la pequeña aldea de As Conchas, el vecindario ha ganado un caso judicial histórico contra la Xunta de Galicia y la Confederación Hidrográfica del Miño-Sil, que han vulnerado los derechos humanos de los residentes al no gestionar la contaminación generada por cientos de explotaciones porcinas y avícolas en la comarca de A Limia.

 

 

As Conchas es una aldea del concello de Lobeira, en Ourense, situada al borde del embalse del mismo nombre. A mediados de octubre, cuando el verano empieza a dar paso tardíamente al otoño, nos vemos con Pablo Álvarez Veloso y Merche Álvarez de León. Son dos de las nueve personas que, junto a la Asociación de Vecinos de As Conchas y la Federación de Consumidores y Usuarios CECU, pusieron en marcha este proceso judicial que se ha convertido en la primera sentencia favorable a nivel europeo en un caso similar. Ha contado con el apoyo de las organizaciones ecologistas Amigas de la Tierra y ClientEarth, y puede ayudar a que otras muchas comunidades afectadas por los estragos de la ganadería industrial y la inacción de las administraciones públicas exijan judicialmente sus derechos y los de los territorios en los que viven.

 
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La contaminación por nitratos y bacterias del río Limia y del embalse de As Conchas ha desencadenado problemas de salud. Fotos: Víctor Luengo

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El embalse, un punto de encuentro

Pablo es el presidente de la Asociación de vecinos de As Conchas. Sus padres aprendieron a nadar en el río Limia, antes de que FENOSA (ahora Naturgy) construyera el embalse en plena dictadura. «Me he criado aquí, he disfrutado del embalse desde que era muy pequeño y es algo que siempre hemos disfrutado todos, porque sus aguas eran cristalinas, hasta se podían beber», nos cuenta. Destaca que la contaminación actual no solo afecta al medio ambiente, sino que ha acabado con la actividad económica de la zona. «Había una tienda en Lobios, aguas abajo, que vendía botes de bichos de pesca. Porque aquí antes venía mucha gente a pescar, familias, con su tortilla, su almuerzo...», recuerda Pablo. Y es que el río es el nexo de unión de los cinco municipios que forman la comarca de Baixa Limia.

Los padres de Merche eran ganaderos y ella recuerda que, cuando era pequeña, las vacas pastaban a la orilla del embalse. Su pueblo está solo a 200 metros de la orilla. «Desde que tenemos uso de razón, nuestra vinculación con el embalse es total y absoluta». Sus suegros regentaron una tienda-bar al lado del embalse durante más de 40 años. «Eran como 12 o 15 mesas y siempre estaba a tope; venía gente de toda la zona, era un punto de reunión que la gente recuerda con cariño». Cuando se jubilaron, no pudieron traspasarlo porque las aguas ya estaban muy contaminadas y prácticamente no acudía gente, lo que tornaba inviable su continuidad.

Algas, olores y la vida paralizada

Fue a partir del año 2003 cuando empezaron a notar que las aguas del embalse no estaban igual. Comenzaron a aflorar algas, el color se volvió más turbio y, poco a poco, el olor se tornó desagradable. En ese momento dejaron de poder bañarse y de hacer uso de sus aguas como hasta entonces. Merche recuerda apenada que su hija menor, que tiene ahora 26 años, ya no pudo disfrutar del embalse.

En 2011 se dio la primera floración de cianobacterias, indicador visible de la proliferación de estos microorganismos. Esto marcó un punto de no retorno y decidieron empezar a movilizarse, a solicitar información y explicaciones a los ayuntamientos, a la Xunta de Galicia y la Confederación Hidrográfica del Miño-Sil, sin obtener respuesta.

La vida se paralizó alrededor del embalse y Merche cuenta que, en los episodios de máxima contaminación, es impensable abrir las ventanas. «La gente que viene de fuera en pleno verano te dice: «Qué olor tenéis aquí, ¿cómo podéis vivir?» Y te sientes impotente, avergonzada. Por suerte, ahora, la repercusión mediática es bastante grande y ya casi todo el mundo sabe de qué va». Pero claro, este olor va acompañado del miedo a no saber qué consecuencias tendrá para tu salud y la de tu familia.

Cría intensiva de ganado porcino y aviar

A lo largo de todos estos años, diferentes investigaciones han señalado que la contaminación del embalse procede de la cría intensiva de ganado porcino y aviar en la vecina comarca de A Limia, donde nace el río. Allí operan cientos de explotaciones ganaderas industriales autorizadas por la Xunta, pese a que la legislación estatal y europea obliga a las administraciones a garantizar la protección de la salud y el bienestar de la ciudadanía. Las aguas del río Limia, que atraviesa las dos comarcas y vierte directamente en el embalse antes de continuar hacia Portugal, están contaminadas. En la actualidad, A Limia soporta 120.000 unidades de ganado mayor (UGM), una carga inasumible para el territorio. El volumen de sus deyecciones equivale al de una población de entre 1,5 y 2 millones de personas, cuando en la zona viven apenas 25.000.

 
   Nuestros alcaldes han nacido aquí y han disfrutado del embalse. Eso produce mucha impotencia y enfado.   
 

La contaminación por nitratos y bacterias del río, el embalse y los acuíferos de la zona ha desencadenado problemas de salud sin explicación. Esta situación ha puesto en jaque la economía local y la vida en los municipios de Baixa Limia se ha vuelto totalmente inviable. A pesar de las pruebas científicas sobre la contaminación del embalse, las autoridades han seguido ignorando el problema. La actitud de los alcaldes es la que más indigna a Pablo y a Merche: «Nuestros alcaldes han nacido aquí y han disfrutado del embalse. Eso produce mucha impotencia y enfado. Ya no es que no hagan nada por el río, sino que incluso nos han atacado por estar defendiéndolo. Ahora, desde que salió la sentencia, alguno dice que lleva 40 años denunciando la situación...».

 

Una transformación ganadera con múltiples impactos

La industrialización agraria en Galiza destruyó violentamente el sistema agrario tradicional y sus característicos paisajes en mosaico, que demostraron durante siglos la capacidad de las comunidades campesinas para cuidar la tierra. La integración agroganadera que cierra los ciclos de nutrientes no es funcional al proceso de acumulación capitalista, que prefiere tener a miles de animales hacinados en las denominadas «explotaciones sin tierra». Al desaparecer la ganadería extensiva y el pastoreo, los montes comunales en los que se obtenía el alimento y la cama para el ganado quedaron abandonados y sin uso, formando masas continuas de vegetación que cada año arden más descontroladamente, arrasando aldeas y ecosistemas enteros.

Mientras tanto, el ingente volumen de residuos industriales de las macrogranjas satura y envenena el territorio. Pero también atrae a numerosas empresas que desean hacer negocios gracias a las subvenciones que promueven la instalación de plantas de biogás con la excusa de tratar los purines. Sin embargo, estas nuevas tecnologías, además de causar nuevos y graves impactos socioambientales, ni siquiera eliminan los nitratos y los fosfatos que llevan tantas décadas causando un daño irreparable.

Las vecinas y los vecinos que aún habitan y aman las comarcas de A Limia y Baixa Limia  seguirán organizándose para defender su derecho al agua y a la vida.

 

Vulneración de derechos humanos

En 2025 se ha llevado el caso al Tribunal Superior de Xustiza. Tal y como reflejaron los informes periciales, tanto en la cuenca del río Limia como en el embalse se dan altos niveles de contaminación por nitratos —sustancias relacionadas con distintos tipos de cáncer— que llegan a superar hasta mil veces lo permitido. A su vez, en As Conchas, la cantidad de cianobacterias es extremadamente peligrosa. También se han encontrado cantidades importantes de bacterias fecales, algunas resistentes a antibióticos. En todos los casos, los expertos confirman que la contaminación se debe a la proliferación de macroexplotaciones ganaderas industriales que no cuentan con suficiente base territorial para absorber los purines que generan.

La sentencia confirma que la Xunta de Galicia y la Confederación Hidrográfica del Miño-Sil han vulnerado los derechos humanos de los residentes, tanto según la Constitución Española como según la legislación europea, al no gestionar esta contaminación. Ambas administraciones han sido obligadas a adoptar de forma inmediata las medidas necesarias para corregir la situación y así restaurar el pleno disfrute del derecho a la vida de su ciudadanía. Sin embargo, el recorrido legal no ha terminado, ya que estas administraciones presentaron un recurso ante el Tribunal Supremo, que aún debe pronunciarse al respecto. Hasta que haya una sentencia firme, es muy probable que las administraciones no implementen ninguna de las medidas que el juzgado les ha impuesto.

Revertir el daño causado

Pablo y Merche confiesan que el procedimiento judicial ha sido fundamental también a nivel social, ya que la gente ha despertado y ahora nadie se atreve a negar el problema, ni siquiera en las tertulias de los bares. Durante años, junto a otras vecinas, han tenido que soportar la negación política, la manipulación mediática e incluso las amenazas directas. Gracias al impacto del juicio, se ha reactivado la plataforma vecinal Agua Limpia Xa, creada en 2011.

 
   El impacto mediático que ha tenido la resolución judicial ha convertido el caso de As Conchas en un ejemplo inspirador de lucha vecinal.   
 

Además, el impacto mediático que ha tenido la resolución judicial, no solo a nivel estatal sino también europeo, ha convertido el caso de As Conchas en un ejemplo inspirador de lucha vecinal contra la proliferación de la ganadería industrial.  La comunidad de As Conchas se siente orgullosa de la lucha y tiene confianza en que la justicia les dé la razón. Ahora se sienten mucho más unidos para conseguir que en los próximos años se pueda revertir el daño causado y regular la actividad ganadera de un modo más respetuoso con el medioambiente.

Andrés Muñoz Rico
Amigas de la Tierra

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